El futuro del dólar y el sistema monetario internacional
La mayoría de los Estados nacionales cuentan con una moneda propia, pues el cobro regular de los impuestos es suficiente para asegurar su demanda y circulación
La mayoría de los Estados nacionales cuentan con una moneda propia,
pues el cobro regular de los impuestos es suficiente para asegurar su
demanda y circulación. En pocas palabras, todo Estado nacional se
encuentra en la posición de determinar qué es el dinero, cuál es la
moneda nacional y cuál es su símbolo. No importa si se escoge un
símbolo mercancía con valor intrínseco como el oro, la plata o el
níquel, o si se escoge un símbolo que carezca de valor propio como el
papel moneda o las cuentas electrónicas: la única condición para la
circulación monetaria a nivel nacional es que aquello que el Estado
designe como dinero sea posteriormente aceptado en el pago de los
impuestos.
Pero, dado que los Estados nacionales no están capacitados para
cobrar impuestos a otras naciones, ¿qué es lo que garantiza la
circulación monetaria en la esfera internacional? ¿Por qué es, y sigue
siendo, el dólar estadounidense la principal moneda de circulación y
reserva a nivel global? ¿Por qué todos los países requieren dólares,
aunque sea en pequeñas cantidades? La respuesta no es sencilla, pues si
bien es cierto que el poderío militar, económico y político de EEUU
juega un rol fundamental en la explicación, también es cierto que ello,
por sí sólo, no es suficiente para entender la hegemonía del dólar
estadounidense, pues también la UE goza de un gran poderío y, sin
embargo, su moneda, el euro, se encuentra todavía distante de
substituir al dólar en su rol como principal medio de pago
internacional.
Entonces, ¿a qué elemento en particular se debe tal hegemonía? Se
debe a que hasta el momento ha sido una práctica común internacional
que los contratos petroleros se denominen en dólares: dada las
prácticas actuales, el simple hecho de que todas las economías del
mundo requieran petróleo para poder crecer implica que también todas
ellas necesiten y demanden dólares estadounidenses.
El tamaño de la economía de la UE (UE-27), y su peso en el comercio
internacional, supera al de la economía de EEUU, pero el dólar aún
preserva su supremacía a nivel global. Tan es así que en el 2007, según
el FMI, 63.30% del total de las reservas internacionales de los bancos
centrales se denominó en dólares estadounidenses mientras que sólo un
26.50% se denominó en euros y el resto en otras monedas.
El déficit de cuenta corriente de EEUU es exorbitante y superior al de
la UE, pero, aun cuando se diga lo contrario, el mismo es plenamente
sostenible dada la política monetaria y cambiaria de la mayoría de los
bancos centrales del mundo y la necesidad planetaria de soportar el
valor del dólar acumulando reservas de dicha moneda: si bien es cierto
que individualmente un banco central podría estar interesado en
convertir sus reservas de dólares a euros, también es cierto que la
totalidad (o el agregado) de los bancos centrales en el mundo no lo
estaría, pues si todos los bancos centrales liquidasen simultáneamente
sus posiciones en dólares, la Reserva Federal de EEUU no tendría
suficiente oro ni menos aún euros para entregar a cambio, y el colapso
repentino del dólar sería incontenible, situación que sería impedida
por los propios bancos centrales para evitar que el valor de sus
reservas internacionales se desplome.
Las economías del mundo, porque quieren crecer, acumulan dólares, a
lo menos para poder cancelar su factura petrolera. Al hacerlo respaldan
a esa divisa y facilitan el financiamiento del déficit de la cuenta
corriente de EEUU, único país cuyo gobierno es capaz de imponer su
señoreaje al resto del mundo. La transformación esperada del sistema
monetario internacional sucederá, pero gradualmente. Mientras tanto, la
guerra por el control del petróleo en el Medio Oriente, y la conexión
saudí-estadounidense, no sólo buscará garantizar el suministro de los
hidrocarburos tan necesarios para el desarrollo y el crecimiento, sino
que también determinará el futuro de la hegemonía del dólar y la
preservación de los privilegios norteamericanos dentro del sistema
monetario internacional.
FUENTE: ElUniversal.com – 11 de Septiembre de
2008